jueves, 7 de febrero de 2008
Más vale morir de pie, que vivir arrodillado (Parte Segunda)
Capitulo Segundo
Decidió que era momento de que sus compañeras supieran de la existencia de este lugar. Y fue así como partió en busca de sus amigas, jurando volver a su paraíso terrenal con todas sus demás compañeras.
Anduvo horas, caminando. No podía encontrar el camino de regreso. Estaba a punto de rendirse, pero sentía algo demasiado fuerte dentro como para dejar de intentarlo. Camino un poco más, cuando vio a un ganado, ahí estaban, amontonadas, asustadas, siempre vigilando. Cuando la vieron, no pudieron controlar su alegría, la saludaron, le preguntaron que se había echo... y también le contaron lo que había pasado en este tiempo. El amo las llevaba a la veranada, campo ubicado en las cordilleras, que se utilizan en el verano, les costaba mucho llegar hasta allá, siempre perdían a alguna de ellas.
Wendy no pudo soportarlo y le contó de su paraíso sin humanos, de lo verde que era, de la gran belleza que ahí había, y que quería llevarlas hacía allá. Las demás un poco asustadas, le dijeron que estaba loca, que el amo nunca lo permitiría. Otras en cambio más incrédulas le dijeron que ese paraíso del que ella hablaba no existía, que eran tonteras, imaginaciones de ella, por todo lo que tuvo que andar.
Con todo lo que le dijeron, y aun con casi todas en contra de ella, Wendy no se rindió. Se quedo con el ganado, tratando de convencer, segura de convencerlas. Donde hubiera oportunidad ella les hablaba y les contaba vivencias, y así muchas de ella fueron cambiando de opinión y a entusiasmarse con ese "paraíso sin humanos" como lo llamaba Wendy.
Wendy ya había logrado lo que quería de un total de 50 vacas, había convencido ya a 14, pensaba que si esas 14 veían el prado, vendrían a contarle a las demás y así se iría corriendo la voz. Entre sus 14 "seguidoras" había una bastante particular, que la admiraba y seguía todo el día, Wendy reconocía que a veces era bastante difícil andar por ahí convenciendo a las demás, con una pequeña ternera detrás haciéndole preguntas. Pero la estimaba, de una manera extraña, pero la estimaba. Esa pequeña se llamaba Chepita, y creía tanto en ella y en ese prado, que a Wendy le daba cierto sentimiento de satisfacción.
Faltaba solo un día para su gran huida, y aun no había visto al amo, por lo que estaba más tranquila. Estaban preparando todo, cuando en eso ve al hombre, estaba con un caballo y contaba... se acercaba más a ella, hasta que la vio, la quedo mirando y se dibujo una sonrisa en él, camino hacia ella, Wendy estaba paralizada, sentía tanto odio hacia él, y tanto miedo a la vez, que no sabía hacer otra cosa más que quedarse quieta. Llego hasta ella y la enlazo, oyó algo, que entre dientes dijo el humano, algo así como - no te volverás a escapar de mí -. Se dio cuenta que estaba atada, y se desespero, empezó a tirar con todas sus fuerzas, a saltar, tenía miedo, quería huir, como lo había echo anteriormente, tiraba con todas sus fuerzas y se logro soltar, empezó a correr, empezó a buscar con la mirada a aquellas vacas que irían con ella, para decirles que era el momento... la vieron.
Corrió, miro hacia atrás y vio algo increíble, detrás de ella venían sus amigas corriendo, asustadas, escapando de aquel vil humano, se puso a gritar, pero a gritar de felicidad, tratando de alentar a las que venían atrás, se contagio su felicidad, hasta que vio algo horrible, estaban enlazando a sus amigas, ya llevaban dos, las golpeaban. Estaba tratando de ayudar a sus amigas, cuando siente un lazo en un cuello, trata de salir, pero ya es tarde, dos hombres la agarran, la amarran, no puede moverse. Alcanza a ver a Chepita, para darle la señal de escape, hacerle señas para que se vayan, al prado. Chepita le entendió, pero no quería dejarla, Wendy le decía que se vaya, que ella estaría bien. Chepita y 11 vacas más huyeron.
Wendy estaba agotada, pero intentaba soltarse, logro pararse y empezó a golpear con todas sus fuerzas, empujo a uno de los hombres lejos. No veía nada se estaba moviendo demasiado rápido, hasta que sintió un gran dolor en el cuello. - ¿qué es eso? no puedo respirar - pensaba Wendy. Era un dolor increíblemente fuerte, cayó, ya no tenía fuerzas y ese gran dolor no la dejaba pensar en otra cosa que no fuera aquello, corría sangre, sus ojos se le cerraban de a poco, muy lento... hasta que se cerraron por completo.
Chepita guió a las demás vacas, Wendy le había dicho como llegar, una de esas tantas veces que la seguía y hostigaba. Llegaron, ahí estaba, era real, un gran prado de pasto verde, un paraíso sin humanos como había dicho Wendy. Chepita entendió que Wendy no volvería, pero se juro que dejaría el nombre de su querida amiga y guía bien alto, y que cumpliría los sueños de ella.
Fin.
estaa secantee el cuentoo amigaaa!
deberias dedicartee a estoo.. ahah
o deberias escribir un Libroo! :)
te quieroo i suerte con esto! :*